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ullah Nasruddin era un cura local (mullah significa cura in Arábigo)  en una pequeña villa y siempre vivía en extrema pobreza.  Él era un carácter muy misterioso, probablemente nacido en Turquía.  Nadie sabía si él era un loco o un sabio porque sus maneras eran tan inconvencionales.   Su mente estaba tan embebida en las ocupaciones espirituales, que el nunca tomaba tiempo para pensar acerca de sus necesidades materiales. Las deudas se acumulaban y su crédito se evaporaba hasta que eventualmente el no tuvo otra alternativa que vender su morada ancestral.

El vecino de Nasruddin era un hombre deshonesto con un bigote grande, el cual sabía acerca de sus dificultades financieras.  Él pensó  aprovecharse de la situación.  “Yo quiero ayudarte, buen vecino. Yo pagaré tu casa a pesar de que no tengo interés alguno en ella”.  El hombre ofreció un precio ínfimo.

Mullah Nasruddin se mostró encantado y sacó un pequeño pedazo de papel del bolsillo.  “!Que Dios lo bendiga con larga vida y saludable hijos por este generoso gesto!  La casa será suya tan pronto como completemos esta pequeña cláusula en el contracto.”

- ¿Qué cláusula? – preguntó el vecino, sospechosamente.

- Solo una pequeña cosa.  Esta casa fue construida por mi   padre.  Un gran caballero él fue, siempre pagaba al contado. Y mira aquí en la pared de la sala, hay un clavo saliente.  Mi padre nunca tuvo la oportunidad de terminar de martillarlo.  El sufrió un ataque al corazón y murió.

- Dios le dé paz a su alma – el vecino lucía muy compungido.  

- Por tanto yo requiero mantenerme el dueño de ese clavo, y hace lo que quisiere con él.

El vecino aceptó, pero explicó que el necesitaba consultar con su esposa antes de firmar.

La esposa levantó varias objeciones.  “¿Por que él va a quedarse con el clavo? ¿Qué significa esto?”

- El solo quiere que se le deje mantener y adorar su clavo de vez en cuando, eso es todo.

- Él está loco.

- Quizás, pero estamos cogiendo la casa a mitad de precio, de modo que, ¿cuál es el problema si él mantiene el pequeño clavo?

La esposa finalmente aceptó, el contrato fue firmado, y Mullah Nasruddin se mudó de la casa. 

Pasó un mes.  Una noche ellos oyeron un toque en la puerta.  Era Nasruddin, con su cabeza baja.

- ¡Oh Mullah, ¿dónde ha usted estado? Nos preguntábamos acerca de usted. – mintió el hombre deshonesto.

Nasruddin explicó que él venía a adorar su clavo y el otro hombre lo dejó entrar en la casa. 

El Mullah caminó humildemente detrás del hombre, hizo una reverencia enfrente del clavo, y puso su sombrero sobre el clavo.  Asi se iba, el hombre le preguntó “Hey, hey, ¿qué esta haciendo eso ahí?”

- Ese es mi sombrero.

- Si, pero no lo puedes dejar en mi casa. 

- Desde luego que puedo, está en mi clavo. 

Dos semanas pasaron antes que el Mullah Nasruddin regresara en una nueva visita.

- Ah, buenos días Mullah.  Usted ha venido a recoger su sombrero, supongo.

- No, gracias, querido amigo.  He venido a adorar mi clavo – Una vez más él Mullah hizo una reverencia enfrente del clavo y, su adoración finalizada, colgó  su bufanda junto a su sombrero y se tornó para irse. 

La esposa quedó furiosa y criticó a su esposo.  “Mira ahora lo que ha hecho.  Él está tomando ventaja de nuestra bondad.  No, ventaja de nuestra  flaqueza.

- ¿Pero que podemos hacer? – el infeliz marido mordió la punta de su bigote – Nosotros aceptamos que él hiciera lo que quisiera con su clavo.  Pero no tengas miedo, querida, el clavo está ahora lleno.  

El próximo dia, Mullah Nasruddin regresó otra vez.  El hombre trató de cerrar la puerta en su cara cuando vio quien era, pero Nasruddin ya había puesto su pie dentro – nada iba a impedir que él adorara su clavo.  

- Oh, Dios.  Tu otra vez.  Yo espero que esta sea la ultima vez – halando los pelos de su labio superior.

“Posiblemente”, replicó Nasruddin con una sonrisa benigna.  Entró, arrastrando tras de sí el cadáver de una vaca, y mientras procedía a colgarlo en el clavo, la esposa se volvió loca de ira, y le gritó a su marido 

- ¡Fuera de mi casa o me voy yo!

El marido protestó vehementemente, “Mullah Nasruddin, esto ha ido demasiado lejos.  No podemos tener esto.”

- Pero usted firmó el contrato, querido vecino.

- Bueno, vamos a ver acerca de eso.  Pidamos que el consejo de ancianos decida.

Pronto la asamblea de todos los sabios de la villa fue convenida, y el vecino explicó la situación mientras manoseaba los pocos pelos de su anteriormente perfecto bigote a lo largo de su labio superior, como si los pelos lo ofendieran.

 El Mullah simplemente presentó el contrato, sin decir una palabra en su defensa.

Los sabios lo estudiaron cuidadosamente, y eventualmente pronunciaron que el Mullah estaba perfectamente en su derecho de hacer lo que quisiera con su clavo.  No había nada en el contrato que restringiera como el clavo debía adorarse. Él caso fue, por tanto, declinado, y el vecino regresó a la casa deprimido.

Después de largos argumentos con su esposa y una noche sin dormir, él le pidió al Mullah que le comprara la casa a un precio muy barato.  Nasruddin estuvo de acuerdo y los otras se movieron fuera de la casa tan pronto pudieron. 

El Mullah fue, una vez mas, capaz de disfrutar su casa y su clavo, después de haber hecho una cierta suma de dinero.

Este cuento contiene una profunda enseñaza espiritual.  El clavo simboliza él ultimo deseo de la mente, la ultima samskara escondida por el ego.  Si no tenemos el cuidado de removerla, entonces el mundo entero va a comenzar a amontonarse de nuevo con todos los podridos cadáveres de los deseos, añoranzas y miedos.

Seamos cuidadosos de no parar a la mitad del camino de la montaña espiritual, pensando que hemos alcanzado el sumo de la realización.  Nuestro trabajo debe continuar hasta la muerte del ego, hasta la victoria final.  Debemos ser vigilantes todo el tiempo.  Si pensamos que el ego se ha ido, bajamos la guardia y nos abrimos a la negligencia.
 

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