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sabe cómo son los niños—siempre juguetonamente probando y presionando los
límites, para averiguar lo que ellos pueden lograr. Pero para este joven
estudiante en el monasterio, la cuestión era en serio. Él tuvo envidia
contra su maestro y estaba determinado a demostrar que éste estaba
equivocado. Después de semanas de intenso proyecto, él finalmente concertó
un diabólico plan del cual pensó era una manera a toda prueba de
ridiculizar a su maestro.
Una mañana
temprano, en su camino a las lecciones, él agarró un pichón de paloma que
escondió en la palma de sus manos. Enfrente de la clase entera le mostró
sus manos unidas a el maestro y le dijo,


"Maestro, sé que usted sabe todo, así que quiero que usted resuelva esta
adivinanza que he diseñado para usted. Tengo en mis manos una paloma. ¿Me
puede decir si está viva o muerta?"
Su
plan no podría fallar. Si el maestro decía que la paloma estaba viva, el
estudiante rompería sutilmente su cuello dentro de sus cerradas palmas. Si
el maestro dijera que estaba muerta, el estudiante abriría simplemente las
manos y mostraría que estaba viva.De cualquier manera, el maestro estaría
equivocado.
El monje
tenía una gran intuición y conocía el malvado plan de su alumno. Pero su
respuesta derrotó a su discípulo. ¿Qué dijo él?

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